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Felix Manuel Lora
Crítico de Cine |
Cada febrero me pongo mi traje de carnaval y salgo a la calle a tratar de reír y a divertirme como cualquier dominicano promedio.
Mi traje es sencillo. Tiene los colores de una fuerte dominicanidad. Un azul intenso como el mar, un rojo vivo de sangre patriótica y un blanco de pura fe.
Lo decoro con otras parafernalias para que pueda ser vistoso ante los ojos de las personas. Espejos para reflejar la decencia, pitos para llamar la atención a la imprudencia ciudadana y muñecos para recordarme la importancia de que los niños son el futuro de cualquier nación.
También le incluyo un fuete para amenazar a los corruptos de que van a hundir el país y una careta para ocultar las lágrimas por las cosas que irremediablemente no podré cambiar.
Mi traje es sencillo. Lo diseñó mi madre cuando nací.
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