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Historia del Cine Dominicano 
 

El cine-forum y cine-clubes

La expansión y crecimiento de los clubes culturales después de la caída del régimen de Rafael Leonidas Trujillo facilitó la inclusión de ciertos núcleos juveniles, de mediana y alta clase media urbana,  a las diferentes dinámicas de expresión artística que empezaron a gestarse en la década del sesenta.

El cine, dentro de esas manifestaciones, jugó un papel importante en las discusiones y debates en los círculos culturales en un momento en que se iniciaba el más amplio concepto de participación jamás vivido en la sociedad dominicana. Sin haber un desarrollo del cine dominicano, estos movimientos condujeron la crítica permanente analizando otros productos que llegaban al país. A partir de esta década, las salas de cine de la capital se convirtieron en espacios dinámicos de interacción cultural  las que aprovecharon ese fervor social hacia la criticidad en todos los órdenes de la vida nacional.

Los cineforums se crearon, precisamente, a partir de esa necesidad de emplear los métodos de reflexión para el análisis del mensaje cinematográfico, donde grupos culturales como “La máscara”, “El puño” y “La antorcha”, se integraron a esta nueva modalidad.

Las salas de cine como Santomé, Independencia, Capitolio y el cine Lama en Santiago de los Caballeros, sirvieron como espacios idóneos donde estos grupos ejercían su función orientadora dentro del análisis de una película determinada de las que se presentaban de manera regular en la cartelera de estos cines.

Después de estas primeras experiencias de discusión abierta al mensaje cinematográfico, estas iniciativas se fueron aglutinando en grupos que le dieron seguimiento a la dinámica participativa. En 1970, con la presentación del filme “Woodstock” en el auditorio de Radio Televisión Dominicana, surge el Cine Club Dominicano, presidido, en esa ocasión, por el crítico de cine Arturo Rodríguez Fernández. A partir de este momento, este cine-club junto a otros como el Cine Club Estudiantil y el Centro de Orientación Cinematográfica (COC), se convirtieron en puntos importantes para el análisis y debate del producto cinematográfico.

Desaparecido el Cine Club Dominicano, Arturo Rodríguez emprende en 1982 una labor similar en el Cine Club Lumiére, operando en el antiguo cine Elite para luego hacer un periplo por el cine Avenida, que después se pasó a llamar cinema Lumiére, Cinema Centro y una breve permanencia, a finales del 2003 en el cine Issffaa. El propio Fernández también abonó, en la Universidad Tecnológica de Santo Domingo (INTEC), un terreno fértil para la discusión del arte cinematográfico con los estudiantes de ese centro académico. A estos se le agrega el Cine Club François Truffaut, fundado en 1984 tras la muerte de este cineasta francés por el crítico de cine Carlos Francisco Elías. Bajo estas mismas tendencias en la ciudad de Santiago de los Caballeros se formó un importante espacio que se denominó Nuestra Voz Cine Club, nacido en el campus de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y reunió a Manuel Reyna, José D´Laura, Teddy Ureña, Franklin Hernández y Hergit Penzo. Y el Movimiento Pro-Auténtico Cine (MACINE), también nacido en la Pucamaima, agrupó a José D´Laura, Horacio López y José Agustín García.

Un paso importante en la creación de más espacios para el acercamiento a la discusión y el encuentro cinéfilo lo constituyó la apertura, en julio de 1996, del Cine Club del Centro Cultural Hispánico, gracias a la iniciativa de Martha Checo, Rubén Lamarche y Humberto Almonte, tres jóvenes que supieron aglutinar las necesidades de una generación por insertarse en la búsqueda de otras maneras de apreciar elocuentemente el cine.

Hoy en día, en una menor participación, ciertos grupos han mantenido la trayectoria del análisis en espacios como el de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y el Centro León de Santiago. A esto se agrega el auditorio de Casa de Teatro donde Arturo Rodríguez Fernández, desde el 2003, presenta semanalmente ciclos periódicos de cine de autor y la apertura en el 2004 de la Videoteca de Casa de Teatro en la que se ofrece una exquisita cartelera de cine para los socios que allí se inscriben para alternar con producciones independientes y de vanguardia.

Antes del surgimiento de la Cinemateca Nacional, se había dado un primer paso en 1975 con la creación de la Cinemateca Kircher, dirigida por Alberto J. Villaverde y Pericles Mejía. Esto respondió a un efecto de una labor realizada en los años sesenta cuando la celebración de cineforums y cursillos de apreciación cinematográfica se plegaron al panorama ya existente en la República Dominicana de la exhibición de manera constante de cintas de factura europea.

La creación de la Cinemateca Nacional, inaugurada la noche del 16 de noviembre del 1979, fue hecha realidad por el trabajo de Agliberto Meléndez, Omar Narpier y Adelso Castro. La idea partió de una iniciativa en el gobierno de Antonio Guzmán Fernández cuando se crea la Unidad de Cinematografía, órgano dependiente de la entonces Secretaría de Educación Bellas Artes y Cultos.

Después de una actividad ininterrumpida de ocho años, y gracias a la labor de sus distintos directores, Agliberto Meléndez, Edgardo Pérez e Hildebrando Hidalgo, la Cinemateca Nacional deja de existir el 30 de octubre de 1987. Pero parece que el destino de la Cinemateca es de resurgir después de los vientos desfavorables, puesto que fue reabierta el primero de marzo del 2002, nuevamente bajo la dirección de Agliberto Meléndez y como director de programación a Pericles Mejía.

En agosto de 2004, bajo el gobierno del doctor Leonel Fernández Reyna, la Cinemateca Nacional adquiere el nombre de Cinemateca Dominicana, tomando un sentido más estricto de sus funciones como organismo de difusión y propuesta dentro del campo de la exhibición. El crítico de arte Carlos Francisco Elías tomó las riendas de esta institución con el convencimiento de su función social, tratando de encaminarla por nuevas zonas de amplitud cultural.

En este país los aficionados al cine y aquellos que realizan cursos de apreciación cinematográfica sólo tienen a mano las películas que se distribuyen a nivel comercial, tanto en las salas de cine como en los diferentes negocios de renta de videos y DVD.  

La presencia anual de dos espacios para la exhibición cinematográfica con carácter más internacional como la Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo y el Festival Internacional de Cine de Santo Domingo, ha servido para que el público dominicano pueda aprovechar otras obras fílmicas fuera del dominio del mercado norteamericano.  

BIBLOGRAFÍA: Sáez, José Luis. “Historia de un sueño importado”. Santo Domingo, Rep. Dom. Ediciones Siboney, 1982; Lora Robles, Félix Manuel. “Encuadre de una identidad audiovisual”. Santo Domingo, Rep. Dom., Ediciones Valdivia. 2007.

FÉLIX MANUEL LORA

 
 
1. El cine Dominicano
2. Los primeros documentalistas nacionales
3. Las primeras intenciones del cortometraje
4. Cineastas de la diáspora
5. Desarrollo fílmico-industrial
en la República Dominicana 
6. Cine extranjero en R.D.
7. El cine-forum y cine-clubes
8. Empresarios del cine

     
 
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