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Historia del Cine Dominicano 
 

Las primeras intenciones del cortometraje


En el cine dominicano el cortometraje en República Dominicana –ya sea de ficción y/o documental- ha tenido una búsqueda constante a través de un grupo de trabajos dentro del cual se han hecho relevantes manifestaciones.

En la mitad de la década de los 50´s hubo una inquietud por hacer cine de parte de algunos jóvenes como Felipe Acosta Estrella y Camilo Carrau a través del Estudio Acosta-Driscoll Film fundada en 1957 y por medio a la denominada Sociedad Fílmica y Cultural, que tiene su origen en Haina en el año 1956.

La fiebre de cine amateur surgida en la década de los setenta respondió a una curiosa necesidad de tener respuesta local frente a los demás movimientos latinoamericanos de cine que entendían que el arte puede ser usado como un medio para rescatar ideas, asumir posiciones sociales y dar la cara a la problemática social de los países.

Entre las primeras iniciativas en el país se puede encontrar los trabajos realizados en la década de los 70s por el Comité pro Instituto Nacional de Estudios Cinematográficos (CINEC), que agrupó a varios aficionados con el objetivo de establecerse como escuela de cinematografía. Con algún tipo de asesoría, utilización de equipos mínimos de filmación, varios jóvenes empezaron con la ardua tarea de realizar cortometrajes en el país. Los primeros trabajos surgidos de esta idea social y artística fueron los de Carlos Figuereo con Caen los remos (Carlos Figuereo, 1973); Pescadores (Edison Rivas, 1974) y Tres historias sencillas (1974), producido por el mismo colectivo del CINEC.

Pero quizás el corto de ficción de mayor trascendencia en esa década fue el presentado el 12 de octubre de 1978, en el Teatro Olimpia, titulado Viacrucis, una realización de Jimmy Sierra basado en Luis Pie, un cuento del profesor Juan Bosch que plantea el racismo latente en el pueblo dominicano.

Como bien señala José Luis Sáez en su libro “Historia de un sueño importado” (Ediciones Siboney, 1982,  Pág. 126), otros cineastas también aprovecharon las ventajas de este tipo de realización para establecer trabajos con más o menos rigor cinematográfico, como el cortometraje de ficción El hijo (A. Meléndez, 1979).

Esta primera búsqueda de los cortometristas dominicanos dentro del desarrollo del cine dominicano, afincó lo que sería años más tarde y bajo otras condiciones sociales, económicas y de coyuntura técnica, la idea de proseguir en la experimentación estética y argumental para creer en el cortometraje como paso incipiente hacia el descubrimiento real del largometraje como status definitivo de materialización de proyectos. 

La Muestra de Cortos

Un espacio en República Dominicana donde fueron tomados muy en cuenta los trabajos audiovisuales en formato de video ha sido el Centro Cultural de España, adscrito al Instituto de Cooperación Iberoamericano de la Agencia Española de Cooperación Internacional. Esta institución continúa desempeñando un papel protagónico en el quehacer de la dinámica cultural nacional que trasciende los conceptos elitistas y ofrece un terreno plural para las diferentes manifestaciones culturales.

El 11 de abril de 1996, bajo la dirección de Ana Tomé, el Centro Cultural de España y su Cineclub presentaron la I Muestra de Cortos Académicos Dominicanos, una iniciativa propulsada por Martha Checo, egresada y representante en República Dominicana de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV). Esa ocasión se convirtió en el primer programa organizado que mostraba los trabajos académicos de los jóvenes cineastas dominicanos que realizaron sus ejercicios académicos en la EICTV y de otras producciones realizadas en República Dominicana por otros jóvenes dominicanos. En esta ocasión fueron presentados los trabajos El oficio del siglo (Desiree Reyes, 1989), Eliseo Subiela, un cineasta de luz (Virginia Binet, 1988),  El atardecer (Natividad Jaen, 1988); Havana Tour (Martha Checo, 1989), Ensayo (Emily Fiume, 1992), Comida caliente y Levedad del corazón (Edwin Marmolejos, 1991), Un genio de nuestro siglo (Ramón González, 1992); Señal 4-40 (Carlos Aquiles, 1989), Gender for a New World y La hora de papá Royal (Juan Basanta, 1992), La carta (Radel Villalona, 1988); El comedor (Humberto Almonte, 1988); Vientos de miseria (Orlando Canela, 1990); Detrás del camino (Emily Fiume y Michel Gómez, 1990); Fin de siglo (Tanya Valette, 1988) y Todo un hombre (Apolinar Ibe, 1990).

Este evento demostró que el corto puede ser tomado en cuenta por otros espacios como forma de que dentro del ámbito audiovisual local, se pudiera contrastar y disfrutar de las obras de los creadores dominicanos.

La segunda edición tuvo el mismo perfil. El programa realizado los días 1 y 8 de abril de 1997 avanzó en mostrar más trabajos que revelaran la no muy utópica visión de que en el país se puede regularizar y atisbar un encuentro de realizadores y trabajos para la apreciación de un público.

Ya en su tercera edición presentada en 1998, y con el apoyo del director del centro Ricardo Ramón Jarne, una nueva generación de cineastas encuentra un terreno fértil y promisorio para presentar sus trabajos. Por primera vez se reciben cortos especialmente realizados para la Muestra. Esto es un indicador de que este escenario empezaba a concitar el interés de los jóvenes como una particular oportunidad para desarrollar sus propios proyectos audiovisuales. En esta oportunidad se elimina la palabra “Académicos” para convertirse en la Muestra de Cortos Dominicanos. Un punto más abarcador y en una correcta evolución de un proyecto que ha servido para la difusión de tan importante producto.

La cuarta edición, realizada en julio del 2000, prosiguió por el mismo camino que le dio su justificación como escenario de exhibición. Asumido en su totalidad por el Centro Cultural de España, el catálogo incluyó nueve trabajos audiovisuales.

Esta promisoria iniciativa quedó luego al margen de las propuestas de otros espacios, para constituirse en una nota que pudo seguir incentivando la continua exposición de esos trabajos. Los pocos espacios para la exhibición de cortos han creado las ansias de un grupo de corto metristas de involucrarse en unos gastos de producción sin importar la recuperación de la inversión realizada. Publicistas, periodistas, egresados de la Escuela de Cine de la universidad estatal, técnicos audiovisuales y hasta arquitectos que se han aventurado en el impredecible mundo de la realización audiovisual, proponen enfoques y trabajan la técnica para ir depurando el camino en el área.

Otros esfuerzos como la Cinemateca Nacional como la Escuela de Cine de la Universidad Autónoma de Santo Domingo se mantienen en la promoción de los trabajos de cortometrajes al igual que un intento detectado en la ciudad de Moca de la Sociedad Dominicana de Dramaturgos, el Teatro Cara-Mana y Ebanorock Project que hasta el 2004 han organizado dos ediciones del Festival de Cine de Moca, hoy se continúa resolviendo la carencia de exposición del material del cortometraje en el país y el impulso del cine dominicano.

FÉLIX MANUEL LORA


 
 
1. El cine Dominicano
2. Los primeros documentalistas nacionales
3. Las primeras intenciones del cortometraje
4. Cineastas de la diáspora
5. Desarrollo fílmico-industrial
en la República Dominicana 
6. Cine extranjero en R.D.
7. El cine-forum y cine-clubes
8. Empresarios del cine

     
 
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